La neumonía es un proceso inflamatorio del parénquima pulmonar generalmente de origen infeccioso por microorganismos patógenos y se caracteriza por la presencia de síntomas de infección aguda: fiebre, con escalofríos, tos con expectoración y dolor torácico que se acompaña de un infiltrado agudo en la radiografía de tórax. Los factores de alto riesgo asociados a la neumonía adquirida en la comunidad son:

Edades extremas de la vida: menores de 5 años y Adultos mayores

Alcoholismo y tabaquismo

Niños que conviven en guarderías

Mala higiene bucal

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica y otras neumopatías

Hepatopatías, Cardiopatías, Diabéticos

Esplenectomizados y pacientes con inmunodeficiencia adquirida (SIDA)

Neumonía severa es aquella en la que el paciente presenta con síntomas clínicos típicos de una neumonía, pero con una respuesta inflamatoria del organismo por la misma infección (sepsis). Existen datos de alarma que deben identificarse para referirse a un hospital.

Los datos de alarma son:

Frecuencia respiratoria mayor a 30 por minuto

PaO2/Fi=2 < 250

Presencia de infiltrados multilobulares

Confusión o desorientación

Uremia (nitrógeno de urea mayor 20 mgrs/dL

Leucopenia < 4000 /dL

Trombocitopenia menor de 100,000 / dL.

Hipotermia

Hipotensión que requiere reanimación agresiva con líquidos.

Requerimiento de ventilación mecánica por insuficiencia respiratoria.

choque séptico con necesidad de uso de vasopresores.

En niños los datos de alarma son fiebre elevada, aumento de la frecuencia respiratoria (entre 2 y 11 meses de edad: + 50 rpm; entre 1 y 5 años de edad: +40 rpm), rechazo a la vía oral, irritabilidad por más de 3 horas, convulsiones o alteraciones en el estado de despierto. Su presencia indica la hospitalización del paciente.

Datos y cifras de OPS

La neumonía es responsable del 15% de todas las defunciones de menores de 5 años y se calcula que mató a unos 920 136 niños en 2015.

La neumonía puede estar causada por virus, bacterias u hongos.

La neumonía puede prevenirse mediante inmunización, una alimentación adecuada y mediante el control de factores ambientales.

La neumonía causada por bacterias puede tratarse con antibióticos, pero solo un tercio de los niños que padecen neumonía reciben los antibióticos que necesitan.

La neumonía es en gran parte prevenible. La prevención de la neumonía infantil es un componente fundamental de toda estrategia para reducir la mortalidad infantil. La inmunización contra la Hib, neumococos, sarampión y tos ferina es la forma más eficaz de prevenir la neumonía.

Una nutrición adecuada es clave para mejorar las defensas naturales del niño, comenzando con la alimentación exclusiva con leche materna durante los seis primeros meses de vida; además de prevenir eficazmente la neumonía, reduce la duración de la enfermedad.

Puede reducirse el número de niños que contraen neumonía corrigiendo factores ambientales como la contaminación del aire interior (por ejemplo, proporcionando cocinas de interior limpias a precios asequibles) y fomentando una higiene correcta en hogares hacinados.

Evitar la exposición al humo del tabaco y reducir la exposición a la contaminación del aire interior reduce el riesgo de neumonía en los niños.

A los niños infectados con el VIH se les administra el antibiótico cotrimoxazol diariamente para reducir el riesgo de que contraigan neumonía.


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